“Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido, que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros. Así entendida, los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula: abolición de la propiedad privada”. Esto señala el Manifiesto Comunista, redactado por Marx y Engels en 1848.
Según el último índice mensual de actividad económica del Banco Central de Chile, el promedio del PIB mensual del país asciende a 25.000 millones de dólares, mientras que el monto total de las remuneraciones mensuales de los trabajadores formales suma 8.380 millones de dólares, lo que representa un 33% del PIB. De este porcentaje, el 13% va a parar a las AFP, lo que equivale a 1.083 millones de dólares mensuales.
La reforma previsional acordada entre el gobierno y la derecha implica un aporte de los trabajadores a los capitalistas de 7.039 millones de dólares anuales adicionales a los 13.000 millones de dólares que actualmente se destinan. Esto eleva el aporte total a 20.000 millones de dólares anuales, es decir, 1.660 millones de dólares mensuales.
Con esta reforma, el costo laboral por pago de cotizaciones previsionales aumenta del 13% al 20%. Si a esto sumamos el 7% destinado a salud, el IVA y otros impuestos que afectan a los trabajadores (como contribuciones, combustible, revisión técnica, permiso de circulación y TAG), nos encontramos con que del 100% del costo laboral, el trabajador percibe menos del 50%.
En otras palabras, los capitalistas chilenos han calculado que la clase trabajadora puede reproducirse como tal con menos de la mitad del costo laboral. De los impuestos pagados por los trabajadores, el 20% retorna directamente a los capitalistas a través del mercado de valores, mientras que el 30% restante se canaliza indirectamente al financiamiento del Estado burgués y a empresas privadas que operan bajo concesiones en sectores como salud, educación y obras públicas.
Esto significa que, del promedio nacional del costo de la fuerza de trabajo (600.000 pesos mensuales), el trabajador percibirá líquidamente solo 240.000 pesos, una cifra cercana a la PGU (Pensión Garantizada Universal) prometida por la reforma previsional, que asciende a 250.000 pesos.
Esta reforma de pensiones representa el mayor robo de ingresos y el incremento más grande de la tasa de explotación laboral en la historia de Chile. Como todos sabemos, o deberíamos saber, el aporte patronal adicional será imputable al costo laboral, lo que reducirá otros beneficios o impactará negativamente los futuros incrementos salariales, ya sea dentro o fuera de negociaciones colectivas. Además, este aporte será incluido en el costo de contratación de nuevos trabajadores, disminuyendo aún más el ingreso líquido.
El origen de ese 7% adicional, de una u otra forma, será descontado del ingreso del trabajador. Esto es un hecho evidente para todos.
Esta reforma previsional durará solo hasta que el pueblo logre organizarse para derribarla, tanto como proyecto como sistema de robo institucionalizado y modelo de saqueo planificado.
La pregunta clave es: ¿optará el Partido Comunista de Chile por luchar en línea con los principios comunistas citados anteriormente, o continuará adoptando posturas que, en la práctica, favorecen los intereses de la clase capitalista?
No tiene sentido acumular fuerzas con políticas que convierten al partido en un administrador de los intereses de la clase capitalista y del actual modo de acumulación denominado neoliberalismo, haciendo cada vez más ricos a los capitalistas y más pobres a los trabajadores.
¿Tomará el nuevo Comité Central del Partido Comunista de Chile una postura firme para alinear a sus diputados y a la ministra Jara, exigiéndoles que retiren el proyecto de reforma previsional para evitar esta estafa pantagruélica y escandalosa? ¿O seguirá prevaleciendo la ambigüedad bajo la excusa de las diferencias de opinión?
Como dicen los ingleses, “los hechos hablan más fuerte que las palabras”. Si se aprueba esta reforma previsional, en lugar de abolir la propiedad privada burguesa, se estará ampliando a niveles nunca antes vistos. La labor del PC chileno como líder en esta reforma solo fortalecerá la propiedad privada mediante la expropiación de los trabajadores, tal como lo han señalado de manera enfática y categórica los propios economistas del Partido Comunista.
En última instancia, la nueva directiva del PC enfrenta una decisión extremadamente difícil, pero necesaria: construir un partido que luche por abolir la propiedad privada burguesa y por una sociedad comunista, o mendigar migajas del sistema burgués, fortaleciendo aún más a la clase capitalista.
Hoy, voces en la academia y en movimientos sociales y políticos del mundo capitalista, en plena crisis estructural, claman por avanzar hacia un nuevo comunismo para el siglo XXI: democrático, pujante y capaz de enfrentar los problemas que genera a diario la dictadura del capital.
El Partido Comunista de Chile enfrenta un dilema shakesperiano: “¿Comunismo o capitalismo? Esa es la cuestión”. ¿Se acumulan fuerzas para un nuevo comunismo basado en sus principios fundamentales o para perpetuar un modelo fracasado y en constante crisis, el capitalismo?