Informe Nacional
Balance del primer semestre del Gobierno de José Antonio Kast
El 11 de marzo de 2026 asumió el Gobierno encabezado por José Antonio Kast. Transcurridos casi seis meses desde su instalación, corresponde efectuar un primer balance político que permita evaluar la caracterización realizada por el Partido del Trabajo de Chile, examinar las contradicciones surgidas dentro del nuevo bloque gobernante y precisar las tareas políticas y organizativas del próximo período.
El Informe Político de enero de 2026 definió al Gobierno de Kast como:
“Un proyecto agresivo de profundización oligárquica y esencialmente dependiente, orientado a consolidar el dominio del gran capital financiero y subordinar a Chile a los intereses del imperialismo estadounidense y el sionismo.”
Los acontecimientos posteriores confirman, en lo fundamental, la corrección de esta caracterización. No estamos ante una simple alternancia administrativa dentro del régimen político, ni únicamente frente a un gobierno conservador en materias culturales. Nos encontramos ante el intento de reorganizar el bloque dominante mediante una ofensiva económica, política e ideológica destinada a profundizar la concentración de la riqueza, ampliar los espacios de acumulación privada y alinear todavía más la política exterior chilena con Estados Unidos y sus aliados estratégicos.
Sin embargo, la orientación reaccionaria del Gobierno no significa que este haya logrado constituirse como una fuerza política coherente, sólida y estable. Su primer semestre ha evidenciado una considerable distancia entre la radicalidad de su proyecto, las expectativas creadas durante la campaña y su capacidad efectiva para gobernar. Las improvisaciones, los conflictos internos, la elevada rotación de autoridades, las dificultades económicas y las contradicciones entre dependencia externa y defensa de los intereses nacionales revelan las debilidades de la administración.
Estas dificultades no aseguran por sí mismas el fracaso del Gobierno. Tampoco se transformarán espontáneamente en conciencia política popular. Solamente podrán ser aprovechadas si se construye una fuerza soberanista, nacional, popular y revolucionaria capaz de organizar el descontento, disputar la dirección política de las masas y presentar una alternativa integral de poder. Esta condición está expresada la línea política del periodo:
Construcción del Bloque Histórico Soberanista y organización de la ruptura popular.
Confirmación del carácter oligárquico y dependiente
La composición inicial del gabinete expresó con claridad la naturaleza social del nuevo Gobierno. La designación de altos ejecutivos empresariales, abogados vinculados a los sectores económicos dominantes y representantes directos del gran capital mostró que la administración no pretendía arbitrar entre diferentes intereses nacionales, sino colocar a representantes de la oligarquía en la conducción del Estado.
La designación de Francisco Pérez Mackenna, históricamente relacionado con el grupo Luksic, en Relaciones Exteriores; de Jorge Quiroz en Hacienda; y del empresario Daniel Mas en el área económica y minera simbolizó esta orientación. La composición del gabinete fue interpretada desde su origen como una presencia particularmente directa del poder empresarial en el Ejecutivo.
Durante estos meses se ha avanzado en una agenda orientada a disminuir la tributación de las grandes empresas, facilitar la inversión privada en sectores estratégicos y debilitar las capacidades reguladoras del Estado. La denominada megarreforma económica aprobada por el Congreso contempla una reducción gradual del impuesto corporativo desde el 27 % hasta el 23 % en 2029. Aunque se presenta como una política general de crecimiento, su beneficio inmediato se concentra en los grandes grupos económicos, mientras sus costos fiscales deberán ser absorbidos por el conjunto de la población.
- El proyecto gubernamental puede definirse como una tentativa de profundización oligárquica porque procura:
- Reducir la contribución tributaria del gran capital.
- Ampliar los espacios de apropiación privada de recursos y servicios públicos.
- Subordinar la política económica a los requerimientos de los conglomerados financieros y exportadores.
- Debilitar las capacidades productivas, empresariales y redistributivas del Estado.
- Hacer recaer el ajuste fiscal y económico sobre los trabajadores, las capas medias, los pensionados y los sectores populares.
A ello se agrega su orientación proimperialista. El Gobierno concibe la relación con Estados Unidos no como un vínculo entre Estados formalmente soberanos, sino como el principal eje ordenador de la política exterior chilena. La controversia por el cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong fue una primera demostración. Ante las presiones estadounidenses, el equipo de Kast adoptó una posición de sospecha frente al proyecto chino y utilizó el asunto como factor de alineamiento con Washington. Recordemos las palabras de elogio respecto al seguidismo de Kast por parte del interventor -embajador de los EE. UU. en el encuentro de los ultras reaccionarios y cipayos , llamado Encuentro de Madrid.
La posición del Partido no supone confundir todas las relaciones internacionales del Gobierno ni desconocer sus contradicciones. Significa identificar la tendencia principal: Kast procura insertar a Chile como aliado subordinado dentro del dispositivo hemisférico estadounidense, restringiendo las posibilidades de una política exterior multipolar y soberana, muy acorde , por no decir calcado, con lo expresado por la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, publicada en noviembre de 2025.
La estrecha identificación política e ideológica con el Gobierno de Israel y con las redes internacionales que respaldan su actuación constituye otra dimensión central de esta subordinación.
Una orientación agresiva y una conducción débil
Dificultades para constituir equipos
El primer semestre evidenció la incapacidad del Gobierno para transformar rápidamente sus consignas electorales en una conducción estatal coherente. Kast llegó a La Moneda con un programa ideológicamente agresivo, pero sin suficientes equipos técnicos y políticos capaces de gestionar simultáneamente la complejidad del Estado.
En apenas cinco meses habían salido tres ministras, seis subsecretarios y 33 secretarios regionales ministeriales, alcanzando 42 autoridades de primera línea. En mayo se produjo el primer cambio de gabinete, con las salidas de Trinidad Steinert y Mara Sedini y la reorganización de Seguridad y la Secretaría General de Gobierno. Posteriormente se produjo un segundo ajuste, asociado, entre otros movimientos, a la salida de Natalia Ducó del Ministerio del Deporte.
Esta elevada rotación no constituye solamente un problema administrativo, expresa cuatro dificultades políticas:
- La insuficiente preparación de los cuadros técnicos del nuevo bloque gobernante
- La contradicción entre el círculo político más estrecho de Kast y autoridades provenientes de sectores empresariales, profesionales o de otras corrientes de derecha.
- La tendencia presidencial a concentrar las decisiones en un reducido núcleo de confianza.
- La distancia entre las promesas maximalistas de campaña y las restricciones institucionales, presupuestarias y técnicas del aparato estatal.
El Gobierno ha intentado compensar esta debilidad mediante la concentración de funciones, el uso de biministros y el reemplazo de autoridades. Pero estos mecanismos pueden acentuar la sobrecarga de la conducción central y reducir la capacidad sectorial de los ministerios. El Gobierno conserva capacidad política, ha obtenido avances legislativos importantes y mantiene respaldo empresarial; no obstante, la rapidez de los cambios demuestra que no logró organizar desde el comienzo un equipo estable y homogéneo.
Defensa Cancillería y núcleo presidencial
El episodio del Estrecho de Magallanes mostró las contradicciones entre la afinidad ideológica internacional de Kast y las obligaciones soberanas del Estado chileno. Las declaraciones de autoridades argentinas y la vigencia de un decreto que calificaba al Estrecho como espacio compartido generaron una controversia que obligó al ministro de Defensa, Fernando Barros, a sostener públicamente que la soberanía chilena no estaba en discusión. Barros informó posteriormente que existía un texto preparado para que Javier Milei derogara el decreto argentino.
Sin embargo, Kast manifestó que no exigiría a Milei la derogación, privilegiando la relación política con el mandatario argentino y la realización en Santiago del encuentro internacional de la ultraderecha. Esta posición fue percibida como débil por una parte importante de la población: una medición posterior indicó que el 71 % de los consultados consideraba que Argentina tenía pretensiones sobre el Estrecho y que un 47 % evaluaba negativamente la respuesta gubernamental.
Más que un enfrentamiento abierto y formalmente reconocido entre ministros, existen indicios de una diferencia de énfasis entre:
- La posición institucional del Ministerio de Defensa, obligado a afirmar inequívocamente la soberanía territorial chilena.
- La cautela de la Cancillería, preocupada de evitar un conflicto diplomático mayor.
- El núcleo político de Kast, interesado en preservar su alianza ideológica con Milei y las redes internacionales de la nueva derecha.
- La realización del Foro Madrid en Chile, con la participación de Milei y dirigentes de la ultraderecha internacional, profundizó esta contradicción. Mientras subsistía una controversia sobre el territorio nacional, el Gobierno privilegiaba la escenificación de una comunidad ideológica transnacional. El episodio demuestra que una derecha dependiente puede invocar la patria y, al mismo tiempo, subordinar los intereses nacionales a sus alianzas ideológicas y geopolíticas externas.
Deterioro económico y frustración de expectativas
Kast prometió producir un rápido cambio económico mediante rebajas tributarias, desregulación y recuperación de la confianza empresarial. El primer semestre no confirmó estas expectativas.
En junio, el Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 1,5 % a 2,5 % a uno de 1 % a 1,75 %. Simultáneamente, elevó la estimación de inflación promedio anual al 3,7 % y la proyección para fines de año al 4,2 %.
Estos datos expresan una combinación problemática: escaso crecimiento, presión inflacionaria, desempleo elevado y aumento del costo de vida. Los incrementos de los combustibles impactaron sobre el transporte, los alimentos y numerosos bienes básicos. La inflación no puede atribuirse exclusivamente al Gobierno, pues también intervienen factores externos. sin embargo, la administración demostró carecer de herramientas estructurales y voluntad política para proteger a la población de esos impactos.
La salida neta de capitales durante el primer trimestre constituye otra señal de alerta. Las cifras difundidas públicamente señalaron una salida cercana a $ 2.163 millones de dólares, superior a la del mismo período del año anterior. Este fenómeno desmiente el supuesto automático según el cual la sola llegada de un gobierno empresarial y favorable al mercado produciría una inmediata repatriación de capitales.
La propia conducta del capital demuestra que los grandes empresarios no actúan por patriotismo ni por adhesión sentimental a un gobierno. Trasladan sus recursos de acuerdo con la rentabilidad, la seguridad financiera y las condiciones internacionales. La burguesía que exige sacrificios nacionales a los trabajadores mantiene, al mismo tiempo, plena libertad para retirar sus capitales del país.
El Gobierno recibió una economía con inflación más controlada que durante los años posteriores a la pandemia, pero también con estrechez fiscal, desempleo elevado y bajo crecimiento de la productividad. Su responsabilidad política consiste en intentar resolver estos problemas mediante una nueva transferencia de recursos y poder hacia el gran capital, sin modificar el patrón dependiente, exportador y financierizado de la economía chilena.
Privatización y transporte público
El debate sobre Codelco
La propuesta del presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, de privatizar total o parcialmente Codelco reveló la orientación existente en sectores relevantes del bloque gobernante. La iniciativa planteaba permitir el ingreso de capital privado para proporcionar supuesto oxígeno a la empresa.
Si bien el Gobierno tomó públicamente distancia de la propuesta y declaró que no contemplaba privatizar Codelco, claramente esta iniciativa puede identificarse como una ofensiva surgida desde el partido y el bloque que sustentan al Ejecutivo, destinada a desplazar los límites del debate y preparar condiciones para futuras aperturas al capital privado.
Codelco no es solamente una empresa. Es uno de los pocos instrumentos económicos estratégicos que permanecen bajo propiedad estatal. Su privatización parcial introduciría intereses privados dentro de la principal empresa pública del país y debilitaría la capacidad de Chile para transformar la renta minera en inversión productiva, infraestructura, ciencia y bienestar social.
El Partido tiene la obligación de defender:
- La propiedad estatal integral de Codelco.
- Su modernización técnica y recuperación financiera.
- El aumento de la fundición y refinación nacional.
- La articulación del cobre con una política industrial, energética y tecnológica.
- El control público de los nuevos minerales estratégicos.
- Defensa del transporte público de alto estándar
El sistema de transporte público, especialmente la red de buses eléctricos y de alto estándar, constituye una de las pocas políticas estatales con un efecto redistributivo cotidiano y masivo. Permite que millones de trabajadores accedan a movilidad, aire acondicionado, accesibilidad universal, menores niveles de ruido y vehículos de mayor calidad sin que su acceso dependa del ingreso individual.
Al término del Gobierno anterior quedaron 1.028 buses eléctricos adjudicados para incorporarse durante 2026 y 2027. Además, el alto estándar comenzó a extenderse fuera de Santiago. El Gobierno de Kast ha negado que pretenda reducir la flota y, frente al aumento del precio de los combustibles, anunció el congelamiento temporal de las tarifas. Sin embargo, el Ministro de trasporte ha reiterado su objetivo de hacer “más eficiente” el servicio, por lo cual , subsiste una amenaza estructural: la subordinación del sistema a criterios exclusivamente comerciales, la reducción de subsidios, el deterioro de frecuencias y la postergación de nuevas inversiones pueden producir una precarización gradual incluso sin una privatización formal.
El transporte público de alto estándar debe ser defendido como un derecho social y como una forma de salario indirecto. Cada peso de subsidio que mejora la movilidad popular tiene un efecto redistributivo, reduce los gastos familiares y disminuye la desigualdad territorial.
El Encuentro Soberanista del 1 de agosto
En este escenario, el Encuentro Soberanista realizado el 1 de agosto representa un avance político que debe ser valorado positivamente. Su importancia no reside todavía en la magnitud de las fuerzas reunidas, sino en haber iniciado conscientemente la construcción de un espacio político que permanecía vacante dentro del movimiento popular chileno, la unión de los soberanistas en torno un proyecto de trasformación nacional.
Una parte importante de la izquierda abandonó la cuestión nacional, redujo la política a la administración institucional y sustituyó la construcción de organización popular por agendas fragmentarias. Simultáneamente, la derecha se apropió retóricamente de los símbolos nacionales, aunque su programa económico y exterior profundiza la dependencia.
El Encuentro comenzó a ocupar ese espacio vacío al vincular:
- La independencia nacional con la emancipación social.
- La soberanía con la propiedad y control de los recursos estratégicos.
- La cuestión nacional con la lucha de clases.
- La defensa del Estado con un factor de constructor de poder nacional.
- La construcción de un nuevo sujeto histórico por las trasformaciones.
El encuentro constituye el inicio, no la culminación, del Bloque Histórico Soberanista. Este bloque no puede ser solamente una alianza electoral ni una coordinación entre pequeños grupos ideológicos. Debe convertirse en una articulación nacional y popular capaz de reunir a trabajadores, pobladores, capas medias empobrecidas, pequeños productores, intelectuales, profesionales, juventudes y sectores patrióticos dispuestos a enfrentar la dominación oligárquica y la dependencia imperialista.
Instrumentos de acumulación de fuerzas
El principal problema del período más que es la ausencia de malestar, es la inexistencia de una fuerza política suficientemente organizada para transformarlo en conciencia, voluntad colectiva y capacidad de poder. La tarea central consiste en construir instrumentos diferenciados y complementarios dentro de un Ecosistema Instrumento de la Revolución Chilena :
El Partido del Trabajo de Chile, como núcleo marxista leninista de elaboración estratégica, formación de cuadros y conducción política.
El Movimiento Soberanista , como espacio político amplio, público y nacional, capaz de incorporar fuerzas que coincidan en un programa soberanista y popular sin exigir inicialmente una adhesión doctrinaria completa.
Los instrumentos de organización y movilización popular, destinados a intervenir en las luchas concretas de trabajadores, pobladores, estudiantes, pequeños comerciantes y comunidades territoriales.
Una red de formación y comunicaciones, capaz de disputar el sentido común, formar dirigentes intermedios y explicar los vínculos entre costo de vida, privatización, dependencia y dominio oligárquico.
Un programa nacional de transición, que está definido en lo fundamental en el Encuentro del 1 de agosto, que presenta medidas concretas de recuperación soberana, industrialización, empleo, transporte público, seguridad social y fortalecimiento del Estado.
La ruptura popular no debe entenderse como un acto aislado ni como una proclamación voluntarista. Es un proceso de acumulación política, social, electoral, cultural y organizativa que debe crear una nueva correlación de fuerzas, desarrollar fuerza popular y abrir una crisis política al orden dependiente.
La revolución soberana, nacional y popular constituye el comienzo de una transición histórica: recuperación de los recursos estratégicos, reconstrucción de las capacidades estatales, soberanía económica y política, protagonismo de los trabajadores y apertura del camino hacia el socialismo.
El paro nacional como horizonte
Ante la ofensiva oligárquica, el Partido debe instalar en el debate de las organizaciones sociales, sindicales y fuerzas políticas soberanas y populares la necesidad de avanzar hacia una respuesta nacional unificada.
El paro nacional no puede decretarse desde una organización aislada ni reducirse a una consigna propagandística. Para adquirir fuerza debe surgir de un proceso real de convergencia sindical, territorial, estudiantil y popular, apoyado en demandas comprendidas y compartidas por amplios sectores de la población.
Durante el segundo semestre de 2026, el Partido debe promover, una campaña de esclarecimiento y preparación en torno a los siguientes ejes:
- Defensa del salario y medidas contra el aumento del costo de vida.
- Protección del empleo y fortalecimiento de la negociación colectiva.
- Rechazo a la privatización total o parcial de Codelco y de otras empresas estratégicas.
- Defensa y extensión nacional del transporte público subsidiado y de alto estándar.
- Rechazo a nuevas rebajas tributarias para los grandes grupos económicos.
- Exigencia de una política exterior soberana, latinoamericana y multipolar.
- Defensa irrestricta de la soberanía territorial chilena.
- Protección de los derechos sociales y de las capacidades redistributivas del Estado.
El Partido debe contribuir a crear condiciones para que las organizaciones representativas de los trabajadores puedan convocar efectivamente a un paro nacional. Esto exige coordinación con trabajadores y organizaciones populares, construcción de plataformas unitarias, trabajo territorial y definición de objetivos políticos concretos.
Se trata de impulsar una conciencia nacional acerca de la necesidad de una acción general, popular , masiva y organizada que demuestre la fuerza de los trabajadores y detenga la ofensiva oligárquica.
Conclusiones y orientación general para el periodo
1. La caracterización efectuada por el Partido en enero de 2026 ha sido confirmada en su orientación fundamental. El Gobierno de Kast representa un proyecto de profundización oligárquica, dependencia exterior y fortalecimiento del gran capital.
2. La composición empresarial del gabinete, la reducción de impuestos corporativos y la apertura del debate privatizador demuestran el contenido de clase del proyecto gubernamental.
3. Su orientación agresiva convive con una conducción débil, improvisada y afectada por conflictos internos. La salida de 42 autoridades durante los primeros cinco meses evidencia graves problemas para constituir equipos estables.
4. Las controversias por el cable chino, el Estrecho de Magallanes y la relación con Milei revelan la contradicción entre la retórica nacionalista del Gobierno y su subordinación a alianzas ideológicas y geopolíticas externas.
5. La desaceleración, el aumento de las proyecciones inflacionarias, el costo de vida y la salida de capitales contradicen la promesa de una rápida recuperación producida por la confianza empresarial.
6. La propuesta de privatizar Codelco, aunque descartada formalmente por el Ejecutivo, demuestra que existen sectores del bloque gobernante dispuestos a avanzar sobre la propiedad de los recursos estratégicos.
7. El transporte público de alto estándar debe ser defendido como derecho social, infraestructura estratégica y uno de los escasos mecanismos redistributivos de alcance cotidiano y masivo.
8. El Encuentro Soberanista del 1 de agosto constituye el primer paso efectivo en la construcción del Bloque Histórico Soberanista y en la ocupación de un espacio político abandonado dentro del movimiento popular chileno.
9. La prioridad es construir los instrumentos políticos, sociales, comunicacionales y programáticos necesarios para transformar el descontento en acumulación organizada de fuerzas.
10. El Partido debe promover la convergencia de las organizaciones sociales y sindicales , contribuyendo a crear condiciones para un paro nacional.
11. El nuestra organización tiene la obligación de desarrollar la convergencia de las fuerzas soberanistas y populares, desperfilando la artificial frontera histórica entre estos sectores de la nación chilena .
La tarea inmediata es organizar. La tarea estratégica es constituir al pueblo trabajador en fuerza nacional dirigente. El horizonte es abrir el camino hacia una revolución soberana, nacional, popular y socialista.
Informe político internacional
Crisis de la hegemonía imperialista y lucha por un mundo multipolar
La contradicción fundamental del momento internacional
El mundo atraviesa una etapa de transición histórica. El orden internacional construido durante décadas bajo la hegemonía de Estados Unidos comienza a mostrar fracturas cada vez más profundas. No estamos todavía frente a un nuevo orden plenamente constituido, pero tampoco vivimos ya en aquel momento unipolar surgido después de la desaparición de la Unión Soviética.
Lo que está en disputa es el poder. El Poder económico. Poder financiero. Poder militar. Control de los recursos naturales, de las rutas comerciales, de las tecnologías estratégicas y de los mecanismos internacionales de financiamiento.
El imperialismo estadounidense no puede comprenderse simplemente como una política exterior agresiva. Constituye una estructura de dominación asentada sobre el capital financiero, los grandes monopolios, el complejo militar-industrial, el dólar y una extensa arquitectura política y militar destinada a preservar la posición privilegiada de Estados Unidos dentro del capitalismo mundial.
Washington continúa poseyendo una capacidad enorme. El dólar mantiene un papel central en las finanzas internacionales; las sanciones económicas siguen siendo utilizadas como instrumento político y poder militar. Pero esa supremacía ya no es absoluta.
China ha emergido como una potencia productiva, industrial, científica y tecnológica. Rusia recuperó una capacidad estratégica y militar que impide que Estados Unidos actúe sin contrapesos. India adquiere una dimensión económica y política creciente, Irán surge como una potencia regional. Los BRICS se amplían. Países de Asia, África, Oriente Medio y América Latina buscan mayores márgenes de soberanía.
La contradicción principal del sistema internacional aparece así cada vez con mayor claridad: la pretensión estadounidense de conservar un orden internacional subordinado a sus intereses enfrenta la resistencia creciente de Estados y pueblos que reclaman soberanía y un mundo multipolar.
Debilitar la capacidad del imperialismo para imponer sanciones, bloqueos, golpes de Estado, guerras económicas o intervenciones militares constituye objetivamente una modificación favorable de la correlación internacional para los pueblos que luchan por su soberanía.
Irán: una guerra imperialista por la reorganización de Oriente Medio
Estamos ante una nueva guerra por la configuración política, energética y estratégica de Oriente Medio.
Irán constituye desde hace décadas uno de los principales obstáculos regionales para la consolidación de una hegemonía estadounidense-israelí absoluta. Su posición geográfica lo convierte además en una pieza fundamental.
Está situado entre Asia Central, el Cáucaso, el golfo Pérsico y el océano Índico y posee una influencia decisiva sobre el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles de la economía internacional.
El conflicto ha reducido severamente el tránsito marítimo en Ormuz y los ataques contra buques y las instalaciones energéticas han empujado nuevamente el petróleo por encima de los 100 dólares. Este 10 de septiembre el Brent cerró en 107,63 dólares por barril, con un aumento superior al 6% durante la jornada.
Después de más de seis meses de campaña, el gobierno de Donald Trump continúa atrapado en una guerra sin una salida política clara.
El imperialismo posee superioridad tecnológica y militar gigantesca, pero esa superioridad no garantiza automáticamente la capacidad de dominar políticamente sociedades que deciden resistir.
Irán enfrenta una potencia militar infinitamente superior. Sin embargo, conserva capacidad de respuesta, infraestructura estatal y profundidad territorial.
Lo que está siendo puesto a prueba en Irán es hasta dónde puede llegar todavía Estados Unidos cuando un Estado de considerable tamaño decide no aceptar su subordinación estratégica.
Ningún Estado posee el derecho de determinar mediante bombardeos, bloqueos o guerra económica cuál debe ser el gobierno, el programa nuclear o la política exterior de otro país. La soberanía no puede depender de las relaciones imperiales.
Yemen y el control de las rutas del comercio mundial
Un país devastado durante años por una guerra puede adquirir una importancia estratégica extraordinaria debido simplemente a su posición geográfica.
Las fuerzas hutíes han conquistado Moca y avanzado hacia las islas Hanish, aproximándose todavía más al estrecho de Bab el-Mandeb, una de las grandes rutas marítimas mundiales.
Ormuz y Bab el-Mandeb forman ahora parte de una misma ecuación estratégica. Por Ormuz circula buena parte del petróleo del golfo Pérsico. Por Bab el-Mandeb pasa la conexión entre el océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez.
Durante décadas las grandes potencias occidentales construyeron su poder suponiendo que podían garantizar esas rutas mediante superioridad naval. Hoy esa seguridad está siendo cuestionada.
La enseñanza política es importante, los pueblos no son actores pasivos dentro del sistema internacional. Su posición territorial, sus recursos naturales y su capacidad política pueden otorgarles una fuerza considerable.
China
China representa hoy el desafío más profundo para la hegemonía estadounidense.
China constituye un desafío porque construyó algo mucho más difícil de neutralizar: una gigantesca estructura productiva.
Durante décadas Occidente trasladó una parte considerable de su industria hacia China buscando mano de obra barata y mayores tasas de ganancia.
El capital occidental contribuyó a fortalecer al país que ahora constituye su principal competidor estratégico.
China aprovechó ese proceso para desarrollar infraestructura, industria, universidades, investigación científica y tecnología.
Actualmente disputa posiciones mundiales en vehículos eléctricos, baterías, telecomunicaciones, inteligencia artificial, energías renovables, manufactura avanzada y semiconductores.
El Estado continúa desempeñando un papel decisivo. Incluso durante 2026, los grandes bancos chinos han incrementado el financiamiento dirigido hacia inteligencia artificial, semiconductores y empresas tecnológicas siguiendo las prioridades establecidas por Beijing.
Ahí existe una diferencia fundamental con el neoliberalismo occidental. Mientras el neoliberalismo afirma que el mercado debe determinar espontáneamente el desarrollo económico, China planifica sectores estratégicos, utiliza el crédito como instrumento de desarrollo y conserva bajo conducción estatal áreas fundamentales de la economía.
China es una economía socialista de mercado bajo conducción del Partido Comunista de China, donde existen relaciones mercantiles y capital privado, pero donde el Estado conserva instrumentos decisivos de planificación y orientación estratégica.
La contradicción Estados Unidos-China no es solamente comercial. Es una disputa por determinar quién controlará las fuerzas productivas más avanzadas del siglo XXI.
Rusia y la guerra de Ucrania
Desde el punto de vista de la correlación internacional, Rusia se ha convertido en una potencia que enfrenta directamente la expansión estratégica estadounidense y de la OTAN.
La guerra de Ucrania constituye, entre otras dimensiones, una expresión de esa contradicción.
Durante décadas la OTAN avanzó hacia Europa oriental incorporando territorios que anteriormente pertenecían al espacio político y militar soviético.
La guerra debe comprenderse dentro de ese proceso histórico y no comenzar artificialmente el relato en febrero de 2022.
La importancia objetiva de Rusia es que su existencia limita la capacidad del imperialismo estadounidense de ejercer una hegemonía militar incontestable sobre Eurasia.
China proporciona profundidad económica. Rusia proporciona profundidad militar y energética.
Su asociación constituye uno de los pilares fundamentales del mundo multipolar emergente.
Europa: subordinación estratégica y militarización
Europa atraviesa quizás una de las contradicciones más profundas desde el término de la Segunda Guerra Mundial. Quizás es donde irrumpirán antes que otros continentes alternativas transformadoras revolucionarias.
Las principales potencias europeas hablan constantemente de “autonomía estratégica”, pero permanecen vinculadas militarmente a Estados Unidos mediante la OTAN.
La guerra de Ucrania aceleró además una militarización extraordinaria del continente.
La Unión Europea pretende movilizar alrededor de 800.000 millones de euros en capacidad adicional vinculada a defensa y ha creado el mecanismo SAFE, capaz de proporcionar hasta 150.000 millones de euros en préstamos para inversiones militares.
Europa enfrenta crecimiento débil, problemas industriales, elevados precios energéticos y tensiones sociales, mientras destina cantidades crecientes de recursos al rearme.
La guerra contra Irán agravó además el problema energético. El gas europeo supera los 75 euros por MWh, mientras los depósitos se encuentran aproximadamente al 66%, muy por debajo de los niveles habituales para esta época del año.
El Banco Central Europeo respondió este 10 de septiembre elevando nuevamente la tasa de interés hasta 2,5%, mientras proyecta apenas alrededor de 0,9% de crecimiento económico durante 2026.
bajo crecimiento + energía cara + tasas elevadas + militarización.
Los pueblos europeos terminan pagando una política internacional que no responde a sus propios intereses. Mientras aumentan los presupuestos militares, aparecen mayores presiones sobre pensiones, salarios, inversión pública, vivienda, salud e infraestructura.
El capital armamentista prospera mientras los trabajadores soportan las consecuencias económicas.
América Latina: la ofensiva imperialista vuelve a nuestra región
Para nosotros los soberanistas esta es la cuestión decisiva. Estados Unidos nunca ha considerado América Latina simplemente como un conjunto de Estados soberanos.
Históricamente ha considerado nuestro continente como su área estratégica. Durante el siglo XX fueron el anticomunismo y la “seguridad nacional”.
Hoy aparecen el narcotráfico, el terrorismo, la migración y la “seguridad hemisférica”.
La administración estadounidense ha ampliado hasta 21 organizaciones latinoamericanas y caribeñas su lista de organizaciones catalogadas como terroristas extranjeras, mientras desarrolla nuevas operaciones y acuerdos de seguridad regionales.
Estados Unidos afirma que esta política busca combatir organizaciones criminales y el narcotráfico.
El problema para América Latina es político: semejante doctrina expande extraordinariamente la capacidad estadounidense para definir amenazas dentro del territorio de Estados formalmente soberanos.
Washington incluso ha ampliado operaciones militares antidrogas y busca desarrollar acciones conjuntas terrestres en diferentes países de la región.
El mecanismo fundamental permanece: Estados Unidos se atribuye el derecho de determinar qué constituye una amenaza para todo el hemisferio.
América Latina necesita superar la dependencia
Sin embargo, denunciar al imperialismo estadounidense no basta. Ser antiimperialista significa construir las condiciones materiales de la independencia. América Latina continúa atrapada en una estructura económica dependiente. Exportamos cobre, litio, petróleo, soja, hierro, alimentos y otras materias primas.
Importamos tecnología, maquinaria, conocimiento industrial, capital financiero y productos de alto valor agregado.
CEPAL proyecta apenas 2,2% de crecimiento para América Latina y el Caribe durante 2026 y vuelve a advertir sobre el bajo crecimiento y los problemas de productividad de la región.
No existe soberanía política verdadera sin soberanía económica. Y no existe soberanía económica si nuestros países continúan funcionando únicamente como proveedores de materias primas para las grandes potencias.
China abre una oportunidad extraordinaria para diversificar nuestras relaciones internacionales, desarrollar infraestructura, obtener financiamiento y ampliar mercados.
Pero una política soberana debe negociar con China desde nuestros propios intereses nacionales y latinoamericanos. La multipolaridad debe servir para ampliar nuestra capacidad de decisión.
El antiimperialismo del siglo XXI debe convertirse en un proyecto de poder, desarrollo y soberanía de los pueblos.
Porque esa es la contradicción que comienza a recorrer nuestro tiempo, imperio o soberanía.
Y para los pueblos de nuestra América, la respuesta histórica solo puede construirse desde nuestra propia independencia. De esta manera es necesario tomas el llamado del expresidente Evo Morales, de constituir un bloque ante el “Escudo de América” iniciativa del imperialismo que atreves de sus lacayos busca asegurar el sometimiento de Nuestra América.
BRICS: la construcción material de la multipolaridad
Los BRICS constituyen probablemente uno de los procesos más importantes de transformación del sistema internacional contemporáneo.
Dentro del bloque existen gobiernos y sistemas económicos profundamente diferentes.
China desarrolla su proyecto socialista con características propias. Rusia posee una economía capitalista con fuerte presencia estatal. India, Brasil, Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos y otros integrantes desarrollan modelos políticos y económicos distintos.
Los une una contradicción con la arquitectura internacional controlada históricamente por Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales.
Las características del proyecto BRICS están en la economía en el Comercio en monedas nacionales, en los Sistemas alternativos de pagos en el Bancos de desarrollo. Financiamiento Sur-Sur. Infraestructura independiente. Nuevas cadenas comerciales. Inversión sin las tradicionales imposiciones políticas de las instituciones financieras occidentales.
Cada transacción realizada fuera de la dependencia absoluta del dólar reduce, aunque sea mínimamente, la capacidad de Washington para convertir su moneda en instrumento de presión política.
No basta con la decadencia del imperialismo, es necesario construir las instituciones económicas que permitan sobrevivir fuera de sus mecanismos de dominación.





