
Ante la opinión pública nacional e internacional, y frente a los recientes acontecimientos que involucran al expresidente Gabriel Boric, declaramos lo siguiente:
- La fotografía de la contradicción. La reciente imagen del expresidente Boric posando sonriente junto a Lorenzo Córdova en la Universidad de Georgetown no es un hecho aislado ni un desliz protocolar. Córdova, expresidente del INE mexicano, ha sido señalado públicamente por la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, como parte de una “mafia electoral” que se constituyó para proteger intereses particulares desde el seno del organismo electoral. Que un mandatario que se autodenominó de izquierda se fotografíe con una figura cuestionada por el progresismo mexicano constituye una señal inequívoca de hacia dónde apuntan sus lealtades.
- La autocrítica selectiva. En el mismo foro, Boric arremetió contra la “falta de coherencia” de la izquierda latinoamericana por no condenar a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua. Sin embargo, esta cruzada por la “coherencia” contrasta con su propio silencio y complicidad ante los atropellos cometidos durante su administración en Chile. Mientras exige un “solo estándar” para juzgar a otros pueblos, su gobierno encarceló a más de cien dirigentes mapuche y aplicó leyes represivas que organismos de derechos humanos califican como mecanismos de impunidad.
- Un legado de traición a los movimientos sociales. La administración de Boric no solo incumplió las promesas de cambio, sino que profundizó el modelo neoliberal. Su reforma previsional significó un regalo directo de aproximadamente 1.600 millones de dólares a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), al reducir drásticamente el encaje exigido a estas entidades privadas. Al mismo tiempo, la Ley Naín-Retamal, aprobada bajo su mandato, ha sido utilizada para obstaculizar la justicia en casos de violaciones a los derechos humanos durante el estallido social, actuando en la práctica como una amnistía encubierta. A ello se suman las denuncias por la desaparición forzada de dirigentes sociales y el encarcelamiento masivo de líderes del pueblo mapuche.
- La entrega de la soberanía. En política internacional se alineó con el imperialismo estadounidense. Además el gobierno de Boric firmó y promovió un Acuerdo con la Unión Europea que compromete militarmente a Chile con una alianza que, en la práctica, subordina nuestras Fuerzas Armadas a los intereses geopolíticos de la OTAN. Este tratado, denunciado por organizaciones sociales y de derechos humanos, hipoteca la neutralidad histórica de nuestro país y nos alinea en conflictos ajenos, cediendo soberanía en materias de defensa y seguridad.
- Nuestra posición: soberanía y solidaridad. Desde el Partido del Trabajo de Chile e Izquierda Soberanista reafirmamos nuestro compromiso inclaudicable con la lucha por un mundo mejor y con la defensa de la soberanía de los pueblos latinoamericanos. Rechazamos la intromisión imperialista y la doble moral. Defendemos el derecho de Cuba, Nicaragua y Venezuela a construir su propio destino sin injerencias externas, y denunciamos que las críticas de Boric no buscan fortalecer la izquierda, sino sumarse al coro de ataques que legitima la agenda de desestabilización impulsada desde Washington.
La coherencia no se pregona en foros extranjeros; se demuestra con hechos en la patria. Boric eligió la foto con la mafia electoral y el abrazo con la OTAN. Nosotros elegimos, una vez más, la trinchera de los trabajadores, los pueblos originarios y la soberanía de Nuestra América.
PARTIDO DEL TRABAJO DE CHILE
IZQUIERDA SOBERANISTA
Por la soberanía de los pueblos y la unidad de la izquierda latinoamericana.


