por Jorge Gálvez (Secretario Político del Partido del Trabajo y Coordinador Nacional del la Izquierda Soberanista de Chile)
La reciente elección en Bulgaria podría estar mostrándonos el inicio de una recomposición estructural de la izquierda en Europa y quizás en el mundo. Rumen Radev una candidatura identificada como izquierda soberanista “anti-woke”, etiqueta polémica pero útil para describir una corriente crítica del progresismo liberal dominante, ha logrado una victoria contundente, alcanzando mayoría parlamentaria con cerca del 44% de los votos. Más allá de la cifra, lo relevante es el significado político del fenómeno, la emergencia de una corriente que busca reposicionar a la izquierda fuera de los marcos tradicionales del consenso liberal europeo.
Este resultado sitúa a Bulgaria en una tendencia incipiente dentro de la Unión Europea, donde sectores políticos comienzan a disputar el espacio a los dos polos existentes que han dominado las últimas décadas, por un lado, el bloque institucional liberal, de centroizquierda y centroderecha, alineado en políticas económicas y geopolíticas; por otro, el ascenso de fuerzas conservadoras y nacionalistas que canalizan el descontento social, muchas veces desde una lógica reactiva más que programática.
El Soberanismo un tercer espacio en la disputa
Lo que emerge en Bulgaria es una tentativa de construir una tercera vía. Esta corriente busca diferenciarse tanto del neoliberalismo dominante como del progresismo identitario, proponiendo elementos como:
- Revalorización del rol del Estado en sectores estratégicos
- Crítica a la financiarización de la economía
- Defensa de la soberanía nacional frente a organismos supranacionales
- Rechazo a ciertos enfoques culturales del progresismo woke contemporáneo, al que acusan de desviar el eje de la política desde lo material hacia lo simbólico.
Dimensión geopolítica
El ascenso del soberanismo no puede entenderse al margen de las transformaciones globales. En un escenario marcado por la disputa entre potencias y el cuestionamiento del orden internacional surgido tras la Guerra Fría, países como Rusia y China promueven modelos alternativos que combinan soberanía estatal, Economía mixta y rechazo a la hegemonía occidental.
En Europa, cualquier fuerza que cuestione el alineamiento automático con el eje atlántico suele ser etiquetada como “prorrusa”. Sin embargo, más allá de esa simplificación, lo que está en juego es la reconfiguración del debate sobre soberanía, modelo económico y posición internacional.
El trasfondo de este fenómeno es una crisis prolongada de representación política. Amplios sectores sociales perciben que los partidos tradicionales, independientemente de su etiqueta ideológica, han convertido en políticas que priorizan la estabilidad del sistema económico sobre las demandas materiales de los trabajadores.
Este malestar ha sido capitalizado en distintos momentos por fuerzas de derecha radical. Lo novedoso en el caso búlgaro es que parte de ese descontento comienza a ser canalizado por una izquierda que intenta reconectar con agendas clásicas: empleo, industria, servicios públicos y soberanía económica.
El fenómeno del soberanismo llegará a América Latina, donde las fuerzas prosistema neoliberales y progresistas woke solo han administrado la profundización del modelo económico, subordinando nuestra soberanía a las directrices imperialistas. La contradicción entre el globalismo neoliberal —en sus expresiones conservadora y liberal— y la Soberanía comienza a mostrar la maduración de proyectos soberanistas en los ámbitos político, económico, social y geopolítico. Chile, en el corto plazo, no estará ajeno a este nuevo fenómeno político que llega a proponer un nuevo programa y proyecto transformador.Final del formulario
